La Gran Comisión es el Mandato del Gran Rey. Es la re-declaración del pacto hecho con Adán de fructificar y multiplicarse; llenar la tierra, y sojuzgarla, y señorear sobre todo el orden creado. Damos por sentado que esta gloriosa e importante tarea tenía que ser hecho en el marco de sumisión a la voluntad de Dios en todo. El primer Adán fracasó, al caerse en pecado y querer ser algo más que virrey, sino un dios y así entregó  su dominio bajo Dios a Satanás y le dio dominio a él. El último Adán, el Rey Jesús en la Gran Comisión vuelve a tomar el mandato de la primera creación dado al primer Adán, habiendo  despojado a los principados y autoridades, y habiéndolos exhibido como espectáculo público, habiendo triunfado sobre ellos en la cruz y  la vuelve a ordenar.  Pero lo decreta ahora como SOBERANO ABSOLUTO teniendo Él TODA AUTORIDAD EN EL CIELO Y LA TIERRA delegando a  sus discípulos la tarea de enrolar a todas las naciones en su escuela de ley, ética y discipulado nacional así poniéndose bajo su yugo ligero y entrando en una relación pactual con El.

La soberanía absoluta de Jesús Rey  es básico y fundamental para la gran comisión. Es el mandato del único soberano del universo, el  Hijo de Dios cabeza de un ejército de hijos de Dios (Romanos 8:29  Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos.) que deberían estar poniendo ta panta bajo su señorío. Esto es la gran comisión. Siendo el primogénito significa ser heredero de todo, ta panta. Ahora comparte su gobierno y autoridad con sus hijos haciéndoles reyes y sacerdotes para Dios y su Padre. (Ap. 1:6)

Dice Rousas John Rushdoony en volumen uno página 107 de su Teología Sistemática en Inglés que “Cuando la soberanía es transferida de Dios el orden político, el poder absoluto empieza a acumularse en el estado. Podemos agregar también que la universalidad y catolicidad fue transferidos necesariamente al estado como aspectos de su soberanía.” El estado se convierte en un ídolo para su propia destrucción (Oseas 8:4), venga ésta tarde o temprano, dependiendo en la providencia divina y la operación del poder de sus juicios e ira contra semejante atrevimiento idólatra.

El estado se convierte en enemigo de la Gran Comisión y de la Cruz y empieza a limitar la liberad de la Iglesia y los movimientos apostólicos para llevar a cabo su misión. Esto es la norma de la historia, la lucha entre Dios y César. ¿Por qué? Por que siendo soberano ahora no se somete al yugo fácil de Jesús para hacerse discípulo de Él sino se convierte poco a poco en un yugo de hierro y camisa de fuerza sobre la Iglesia, la familia, el individuo y todo el orden social. Ya no quiere sujetarse a la ley – palabra de Dios sino desea ser fuente de la ley. Toma el lugar de la divinidad y hace pecar a la nación. Se convierte en bestia de maldad. Su papel verdadero es diaconía de Dios, siervo de Dios y así debería asistir a la Iglesia en su jurisdicción y quedarse en su propia jurisdicción que es administrar la justicia y proteger el estado civil contra todos los enemigos foráneos y domésticos.

Limita a la iglesia y empieza a guerrear contra la gran comisión y así contra el Rey Jesús rebelándose contra su autoridad, por que siendo soberano se cree dador de la ley el estado y no Dios. Trata de ser la cobertura sobre todas las esferas y busca controlar toda la vida y pensamiento. Poco a poco quita las libertades a  la Iglesia y sus misioneros  para que no puedan actuar con libertad en la esferas de dominio que el Rey Jesús les manda.

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